Visibilizando los efectos invisibles de la pandemia

Resultados del impacto psicológico del COVID-19 en la salud de los trabajadores en Perú

A propósito de los resultados de los trabajadores peruanos en el I Estudio global sobre el impacto psicológico del COVID-19 en la salud de los trabajadores

95 días después de decretado el estado de emergencia sanitaria y el inicio de la primera cuarentena, podríamos pensar que ya estamos por demás aclimatados a esta “nueva normalidad” de la que muchos hablan y que en realidad nadie llega a entender del todo. Pero la creencia popular en ocasiones – como ésta – se estrella contra los datos.

El claro impacto psicológico del COVID-19 en nuestros trabajadores 

Hace algunos días presentamos los resultados del I Estudio global sobre el impacto psicológico del COVID-19 en la salud de los trabajadores en Perú. Y al revisar los números lo primero que salta a la vista es la intensidad con la que un gran grupo de nuestros trabajadores está viviendo la experiencia de lidiar diariamente con la situación en la que nos encontramos. 3 de cada 10 trabajadores sienten que su salud ha empeorado en las últimas semanas. ¿De dónde viene esta percepción? Al desglosar los resultados, encontramos una serie de indicadores, sobre los que valdría la pena proponer algunas preguntas para iniciar la discusión:

El 86.2%, es decir, casi 9 de cada 10 de los participantes, reportó experimentar alteraciones del sueño.

¿Cuáles son las causas de estas alteraciones? Tomando en cuenta el evidente impacto entre los ciclos del sueño y el desempeño laboral, ¿podemos hacer algo desde las empresas para responder a esta evidente señal de alerta? La explicación también en encuentra, al menos en parte, en el estudio: 51.6% menciona la preocupación como la causa de pérdida de sueño. ¿Las empresas reducen o incrementan esta preocupación en sus colaboradores?

El 84% indica nerviosismo, irritabilidad o tensión como elementos presentes en la actualidad o en su historia reciente.

¿Toda esta carga estará explicada por la situación sanitaria o habrá que voltear a mirar hacia la empresa, sus decisiones, su forma de comunicar (o no hacerlo) y su estabilidad (real y percibida) para encontrar los reales motivos?

El 73.1% reporta haber experimentado dolores de cabeza.

Sabemos que este indicador es un cajón de sastre. Y también sabemos que algunas de sus explicaciones más probables podrían incluir exceso de tiempo frente al monitor de la laptop o computadora, la elevada carga laboral, la alteración de ciclos de sueño, el cambio de hábitos centrales como la alimentación y el ejercicio físico y la lista continúa. ¿Podemos intervenir como empresas en este aspecto? ¿Qué impacto podríamos lograr sobre la productividad de estos colaboradores si lo hiciésemos?

El 59.6% indica retraso en el inicio de las tareas

¿Será que las múltiples ocupaciones al trabajar desde casa hacen imposible cumplir con la rutina que teníamos antes del confinamiento? ¿O será que realmente hacemos – consciente o inconscientemente – lo posible para postergar el trabajo? Lo cierto es que, iniciadas las tareas no dejamos de lado el problema, pues 53.6% mencionan falta de concentración como una situación recurrente. Al respecto, como empresas ¿promovemos buenas prácticas, o exigimos concentración automática sin decir cómo lograrla?

El 42.6% de la muestra indica sentirse poco feliz y deprimida

Entre todos estos hallazgos, hay uno que merece un tratamiento especial, pues resulta aparentemente contradictorio: El 42.6% de la muestra indica sentirse poco feliz y deprimida, pero el 52.3% de la misma muestra se siente capaz de disfrutar de sus actividades cotidianas. Se me ocurren dos explicaciones posibles:

  1. Que se trate de dos grupos separados, que sumados hacen casi el total de la muestra. En un país de lovers o haters, donde se ama o se odia (todo menos indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido) donde se está o a favor o en contra, tendría sentido pensar que o se está infeliz o feliz. Pero jamás el punto medio. De ser así, el costo emocional de esta polarización puede ser muy elevado, y no lo estamos viendo.
  2. Que estos dos grupos tengan un gran segmento de intersección. Pero ¿sería esto posible? ¿será que el trabajador peruano se siente infeliz y disfrutar de su día a día a la vez? La respuesta podría estar en un dicho popular: Aquí se sufre, pero se goza, nuestra versión local del work hard, play hard / party harder. Pero, nuevamente, ¿cuál es el costo emocional acumulado de este estilo de vida en un lapso prolongado?

Este ha sido un ejercicio de preguntas, muchas de ellas sin respuesta, pues ese es el trabajo que les dejo a quienes están leyendo estas líneas, quienes podrían conversar más al respecto en sus respectivas organizaciones. Porque el primer paso es hacer visible lo invisible, antes que caiga por su propio peso, y sea más tarde, tan tarde como cuando finalmente comprendimos que ese extraño, distante e improbable virus de Wuhan pondría al mundo entero entre cuatro paredes. Que el próximo confinamiento no sea por razones psicológicas está en nuestras manos.

*Artículo escrito por Fernando Loyola, psicólogo social, coach y arquitecto de innovación. Director en Caddepro.

 

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