Riesgos psicosociales: cómo combatir el estrés en el trabajo

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Nuestro ritmo de vida, las exigencias del día a día en nuestra vida personal y laboral y los malabares necesarios para la famosa conciliación hacen que “vivir con estrés” sea algo que hemos normalizado. Sobre cómo combatir el estrés en el trabajo, os hablamos hoy en este post.

¿Qué es el estrés? Conoce sus síntomas 

¿Sabemos realmente qué es el estrés?, ¿tratamos de combatirlo o simplemente lo asumimos como compañero de vida? Y aún más importante, ¿conocemos las consecuencias que el estrés puede tener mantenido en el tiempo?

Vamos a empezar por definir qué es el estrés. Se trata de una reacción de nuestro organismo cuando percibe que tiene que responder a una exigencia concreta y siente que no tiene los recursos suficientes para ello y, además, esto puede tener consecuencias importantes para él. Es decir, contempla tres elementos:

  • Demanda: Puede ser objetivamente complicada o excesiva o puede ser percibida como tal, aunque otra persona no la vea de la misma manera.
  • Recursos: Puede ser que la tarea en sí no sea muy compleja, pero si no tengo los recursos para hacerle frente, se produce un desajuste. O es posible que yo tenga la capacidad para hacerlo, pero no disponga de tiempo, o mi capacidad se vea limitada por inseguridad personal, baja autoestima, ansiedad, etc.
  • Consecuencias: Si cumplir o no es irrelevante para mí, esa situación no me va a generar estrés. Es el miedo a las consecuencias y la importancia de las mismas lo que hará que una persona reaccione ante esa situación con una respuesta de alarma, que es en definitiva lo que supone el estrés en nuestro organismo.

Un momento puntual de estrés no es un problema en sí. El ser humano está perfectamente preparado para afrontar un momento de tensión, es ese nivel de tensión mantenido en el tiempo el que puede acabar dañando nuestra salud de forma importante. Por todo esto, nos parece especialmente importante transmitir el mensaje de que sí se puede combatir el estrés en el trabajo. 

Consecuencias del estrés mantenido en el tiempo

Las consecuencias del estrés mantenido en el tiempo pueden medirse a nivel organizacional e individual:

Para la organización encontramos las siguientes consecuencias:

  • Accidentes de trabajo
  • Absentismo/Presentismo
  • Deterioro del rendimiento
  • Baja productividad
  • Rotación no deseada en los puestos de trabajo
  • Abandono del trabajo o la actividad laboral en trabajadores especialmente afectados
  • Deterioro del clima laboral y aumento de conflictos y conductas hostiles

Para el trabajador o trabajadora:

ALTERACIONES FÍSICAS MÁS FRECUENTES DEL ESTRÉS:

  • Enfermedades cardiovasculares
  • Trastornos digestivos (úlceras, colon irritable) y alimentarios (obesidad)
  • Trastornos músculo-esqueléticos
  • Dolores de cabeza

ALTERACIONES EMOCIONALES MÁS FRECUENTES DEL ESTRÉS:

  • Ansiedad
  • Depresión
  • Irritabilidad
  • Trastornos emocionales y adaptativos
  • Síndrome de Burnout
  • Abuso de sustancias (alcohol, tabaco, drogas…)

Consejos para combatir el estrés en el trabajo

Para ello, hay algunas cosas que podemos empezar a aplicar en nuestro día a día y que ayudan a combatir el estrés en el trabajo, reduciendo su nivel antes de que se convierta en un problema:

Instaura hábitos de vida saludables:

Parece una obviedad, pero cuerpo y mente están directamente conectados. Comer bien, dormir lo suficiente y combatir el sedentarismo repercute directamente en los síntomas de estrés en nuestro organismo.

Organiza tu tiempo:

Cuando estamos acelerados, sentimos que no tenemos tiempo para nada, por lo que pararnos a organizar nuestra agenda o lista de tareas nos parece una “pérdida de tiempo”. Nada más lejos de la realidad. Planificarnos nos ayuda a:

  • Distinguir lo urgente de lo importante: si no nos planificamos, podemos encontrarnos resolviendo algo que no es urgente ni importante, teniendo la sensación de que no avanzamos o “apagando fuegos” que no son lo prioritario en ese momento.
  • No postergar: normalmente lo hacemos con lo que no nos apetece o más nos cuesta. Y cuando más posponemos más difícil nos parece.
  • Reservar tiempo a aquello que lo requiere: si una tarea necesita concentración durante una hora, nos ayudará elegir un momento del día en el que haya menos interrupciones, estés más despejado mentalmente, etc.

Baja el ritmo:

No podemos hacer 15 cosas en el tiempo de 10. Además, cuando hacemos todo a la carrera es más frecuente cometer errores, pasar por alto detalles importantes o dejar cosas a medias. Ir siempre corriendo, con prisas y los minutos contados es una fuente de ansiedad difícil de gestionar. ¡Baja el ritmo! Haz menos, pero hazlo con más salud y bienestar.

Programa pausas en tu jornada:

Ponte una alarma cada hora. No tienen que ser pausas largas ni que interrumpan demasiado tu ritmo. Dos minutos de reloj para levantar la vista de la pantalla, respirar profundo, mirar a tu alrededor y tomar conciencia del ritmo al que estás funcionando.

Dosifica la tecnología y las redes sociales:

Está más que demostrado que consultar constantemente el móvil y el correo es el mayor boicoteador de nuestra concentración y rendimiento y, además, aumenta nuestro nivel de activación. ¡Estar disponible no significa responder en un margen de 15 minutos! Puedes programar el correo para que se actualice cada 30 minutos en vez de hacerlo en tiempo real, o actualizarlo tú manualmente, o cerrarlo cuando te ocupes de una tarea que requiera concentración. Decide cómo quieres abordarlo, pero pon un límite a tus ladrones de tiempo.

Practica alguna técnica de relajación: 

Puede ser meditación, yoga, Mindfulness, etc. Es un tiempo para ti, para cuidarte y para que tu mente repose.

El trabajo se queda en el trabajo:

Sé que suena difícil, pero no es imposible. Necesitas desconectar para que tu mente se oxigene, se recargue y afronte el día siguiente con nuevas energías. Ocupa tu tiempo libre, practica algo que puedas llamar ocio y descansa.

PIDE AYUDA. Existen recursos y herramientas a tu disposición. No tenemos que saberlo todo y resolverlo todo solos. A veces un compañero puede ser un gran apoyo, o un amigo. Pero en ocasiones es la AYUDA PROFESIONAL la que marca la diferencia. Un profesional que te escuche sin juzgarte y te aporte herramientas adecuadas a tu situación y tus necesidades.

Artículo escrito por Irene Nuevo, del área de Intervención Psicológica de affor.

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