Por qué un buen liderazgo impacta de forma positiva en la salud emocional de los equipo de trabajo?

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* Este post ha sido escrito por affor y publicado en Foro de Recursos Humanos

En el mes de abril, en el que se celebra tanto el Día Mundial de la Salud como el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, en Affor queremos hacer un llamamiento a todas las empresas sobre la importancia que tiene la Salud Mental en el ámbito laboral. En este marco, uno de los aspectos fundamentales, tanto a la hora de prevenir riesgos psicosociales como a la hora de promover el bienestar psicosocial, es el fomento y desarrollo de un liderazgo saludable.

La forma en que se organizan las tareas del equipo facilita la comunicación, potencia el buen ambiente de trabajo que influye directamente en la productividad, la evolución profesional y el bienestar personal de los empleados.

El liderazgo, en términos positivos, mejora significativamente el rendimiento de los equipos, e impacta directamente en su bienestar emocional. Impulsarlo y mantenerlo requiere evaluación continua y la participación de todos los implicados.

En este sentido, los mandos intermedios, como moduladores de los factores psicosociales, especialmente en el escenario actual de pandemia que estamos atravesando, resultan agentes clave. Son palancas de cambio en cualquier organización y su estilo de liderazgo puede contribuir a generar organizaciones más o menos sanas, lo que incide directamente en la salud emocional de los trabajadores.

Por el contrario, un mal liderazgo puede provocar no solo pérdidas cuantitativas en la empresa, sino que también puede convertirse en una gran fuente de riesgos psicosociales y favorecer la aparición en los equipos de baja autoestima, generar estrés o incluso burnout en muchos de los trabajadores.

Adquisición de competencias emocionales

Una de las claves para crear y fomentar un liderazgo saludable es situar a las personas en el centro de la organización. Creer en ellas e invertir en el desarrollo de sus competencias, no solo profesionales sino también personales y emocionales, permitiendo así una correcta evolución profesional de cada individuo.

Aquellos perfiles que, como parte de su función, deben gestionar personas, se enfrentan a una tarea compleja que no solo requiere de conocimiento técnico sino de una serie de habilidades que no siempre son innatas, pero pueden desarrollarse. Es muy necesaria una correcta gestión emocional, como también lo son la comunicación, la empatía, la resiliencia y tolerancia al estrés, la adaptación, capacidad de hacer equipo o resolver conflictos.

Para detectar en qué punto se encuentran los directivos y mandos intermedios en una compañía, se elabora un mapa competencial que permite obtener una imagen de las personas en su rol de líderes. De esta manera es posible planificar actividades posteriores, en función de si tienen necesidades similares o exclusivas, y optimizar las actividades formativas y personalizarlas en función de las necesidades concretas de cada uno: comunicación,  autocontrol, delegación de tareas, feedback, estilo de dirección, etc.

Una vez establecidas cuáles son las habilidades sobre las que trabajar, es posible poner en marcha un programa de desarrollo de habilidades. Con él, se desarrollan competencias directivas, emocionales y personales que capacitan para la dirección y gestión de equipos de trabajo de forma saludable. Estos permiten empoderar al equipo directivo, además de favorecer un mejor clima laboral y prevenir la aparición de riesgos psicosociales.

Para tratar de forma específica las competencias de tipo intrapersonal (las que no son abordadas en grupo, como autocontrol, estabilidad emocional, confianza, seguridad en uno mismo o resistencia a la adversidad) se establece un Programa individual de Competencias (PICs). Contempla un método de trabajo dirigido a potenciar la evolución personal y también profesional, donde se realiza un entrenamiento individual, centrado en cada caso y cada necesidad concreta, siempre desde un enfoque preventivo y formativo.

Desde Affor se establecen planes concretos adaptados para cada organización, para cada persona y según las circunstancias. En el escenario actual de pandemia, con la expansión del teletrabajo, se han establecido además multitud de alternativas de e-learning, casi “a la carta”, ya que las habilidades blandas y la gestión emocional resultan especialmente determinantes en esta época de incertidumbre sin precedentes, que conlleva exigencias emocionales altas o muy altas.

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