Pautas para mejorar la conciliación a nivel personal y familiar

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¿La conciliación es posible?

La idea de la conciliación personal y familiar se cita con demasiada frecuencia como algo imposible, utópico, asociado inevitablemente a una reducción de nuestra calidad de vida o un aumento radical de nuestro nivel de estrés. Si para “conciliar” estamos perdiendo horas de sueño o pasa factura a nuestra salud, quizás estemos “sobreviviendo”, pero no conciliando.

Definimos conciliación como el conjunto de medidas y herramientas que deberían ponerse en marcha para permitir la compatibilidad de la vida personal, laboral y familiar, para ambos géneros, sin exponer a la persona a la necesidad de elegir la merma o supresión de una de estas parcelas en pos de otra.

En este sentido, hay una serie de medidas importantes que provienen (o deberían provenir) de los agentes sociales que estructuran nuestra vida profesional y personal en gran medida: las empresas, la legislación, etc.

¿Qué podemos hacer para mejorar la conciliación a nivel personal y familiar?

En primer lugar, sería importante empujarnos para salir de la inercia, la impotencia o la actitud derrotista de “no puedo hacer nada”.

A partir de ahí, podremos buscar alternativas o medidas que nos faciliten acercarnos a una conciliación exitosa, partiendo de lo que sí podemos hacer, buscando alternativas y poniendo en marcha los cambios que nos sirvan a cada uno de nosotros/as. Este punto es importante, porque cada persona, vida, familia es distinta y tiene necesidades, prioridades y recursos diferentes. Pregúntate:

  1. ¿Qué necesidades tengo/tenemos?
  2. ¿Con qué recursos cuento para ello?

Os dejamos aquí algunas propuestas de medidas de conciliación que podemos poner en marcha a nivel personal y familiar:

Conoce tus derechos:

A algunas personas les parecerá una obviedad, pero no lo es en muchos casos. Existen ya muchas medidas dirigidas a mejorar la conciliación. Infórmate y utilízalas.

Destierra el sentimiento de culpa:

Haces lo que puedes, lo mejor que puedes. Y no haces nada malo por parar, darte tu tiempo o reducir tu nivel de exigencia. Con demasiada frecuencia nos encontramos con personas (fundamentalmente mujeres) que se sienten culpables por “no estar todo lo que deberían” en ninguna de las parcelas de su vida, por la sensación de no llegar nunca, de no hacer o ser lo suficiente en nada. LO ESTÁS HACIENDO BIEN. No lo haces perfecto, eso seguro, pero… ¿sabes qué? No hace falta.

No hay nada que compensar:

Siguiendo con el punto anterior y respecto a los hijos: No trates de recompensarlos… NO HAY NADA QUE COMPENSAR. Tienes derecho a que te guste tu trabajo, a querer un tiempo para ti, a cuidar tu vida social y/o de pareja. Eso también es educar a tus hijos: darles un modelo de vida y de persona que querrías para ellos/as en el futuro.

Si delegas, delega:

En el reparto de tareas, la carga mental también es tarea, no lo olvides. La otra persona no lo hará nunca como lo harías tú, pero hacerlo todo tú es inviable o insano. No estás eligiendo cómo debería estar hecho, sino qué pones por encima de que la tarea en cuestión esté “a tu forma”.

Reducir exigencias:

Aprende a flexibilizar y reducir exigencias: no podemos llegar a todo…Y NO PASA NADA.

Acepta ayuda y aprende a decir no:

Suelta la carga que no te corresponde y reconoce tu derecho a poner límites.

Inclúyete entre tus tareas:

Si estamos hablando de dificultades para conciliar es porque seguramente no te sobra el tiempo. Y precisamente por esto es más importante que te incluyas en tu agenda. Si no, nunca encontrarás el hueco. Quizás no pueda ser todo el tiempo que te gustaría, o no en el momento exacto. Pero es importante que cada día nos reservemos un tiempo, por poco que sea, para pararnos con nosotros mismos. “Mi momento”. Puede parecerte inviable, pero si lo piensas un poco quizás encuentres 20 minutos al inicio o al final del día, en la ducha, antes de acostarte, en las horas de las comidas… No es tan importante que sea mucho como que sea tuyo.

Haz tribu:

Con personas de tu entorno con necesidades similares a las tuyas con las que compartir o repartir tareas, que puedan ser un apoyo ante un imprevisto o ser un alivio en las tareas cotidianas que copan nuestro tiempo.

Vacúnate contra los opinólogos

Cada persona tiene su visión del mundo, influenciada en gran medida por sus esquemas mentales y vivencias personales. Tu vida y tus decisiones son tuyas. Pide opinión si quieres y a quien quieras, infórmate y asesórate con personas cualificadas, pero aprende también a no escuchar o dejarte condicionar por las opiniones de todos los que te rodean. Tu vida es tuya y necesitas tratarla como tal.

Corresponsabilidad

Más allá de las quejas, de los debería y de las discusiones cotidianas por las tareas del hogar, la corresponsabilidad es un tema que requiere un abordaje en casa, como equipo, serio, dispuestos a escuchar al otro.

En definitiva, para abordar cuestiones que implican aspectos tan personales como la dedicación a mi vida personal y/o profesional, el rol de padre/madre/hijo/hija/pareja… tenemos que partir de que no hay una respuesta correcta, una elección acertada… cada uno toma su elección. Pero si no estás para ti, aunque sea un poco, puede llegar un momento en que no estés para nadie. Conciliar es también cuidar de uno mismo. Y aunque parezca que lo que haces nunca es suficiente repetimos, como cierre, LO ESTÁS HACIENDO BIEN.

*Artículo escrito por Irene Nuevo, colaboradora affor.

 

#EsteVirusLoParamosUnidos  #CuidarLaSaludEmocionalNoEsUnaOpción

#PrevenirEsNuestraResponsabilidad  #JuntosSaldremosAdelante #SomosComunidadPRL

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